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Anuket, diosa
egipcia de las cataratas. Fue
venerada especialmente en Elefantina (isla fluvial del río Nilo, frente a
Asuán).
También se le llamaba “señora de Nubia”.
Su animal sagrado era la gacela. Se
le relacionaba con la crecida del Nilo y en ese sentido tenía la función de
una diosa acuática. FECUNDACIÓN
“IN VITRO”
Las
posibilidades de que una mujer quede embarazada tras someterse a un ciclo de
fecundación “in vitro” son mayores utilizando un sistema de filtrado de
aire en las incubadoras que conservan los embriones.
Esta es la conclusión de un equipo médico
del Instituto Jones de Medicina Reproductiva, en Virginia (Estados
Unidos), tras estudiar la evolución de dos grupos de células germinales
humanas.
Aunque las incubadoras en las que fueron colocadas y las condiciones
externas eran casi similares, una de ellas disponía de un filtro de aire para
que posibles compuestos de gases nocivos no alcanzaran el embrión.
Concluido el ensayo, los investigadores comprobaron que el 52 por 100 de
las mujeres que habían solicitado la fecundación “in vitro” quedaron
embarazadas tras haber recibido embriones de incubadoras cuyo aire había sido
limpiado, mientras que sólo el 30 por 100 lo conseguía si aquellas carecían
de filtro.
En
Papantla aún se ejecuta la “danza de los voladores”, legado de dos ritos de
El Tajín en honor de Cicini, “aquel que calienta”.
El primero lo ejecuta un grupo de danzantes en plena selva para el corte
y traslado del árbol. Al llegar y
al retirarse, el jefe le pide perdón a Quihuicolo, dios del Monte. Luego, los danzantes cargan el árbol y lo trasladan hasta donde será plantado. El segundo ritual incluye danzas para fijar el poste y subir a él. Cinco danzantes piden la ayuda del dios Viento y trepan a lo alto, validos de un bejuco enredado en el palo. Ya en las alturas, el caporal baila sobre la base en dirección a los puntos cardinales. Finaliza su danza con la kha hacia el Sol. Luego les ordena a los otros hombres que se lancen al vacío. Así lo hacen. Gracias a las sogas atadas previamente a sus tobillos, giran trece vueltas antes de llegar al suelo. Es número multiplicado por cuatro --el de los voladores—simboliza las cincuenta y dos vueltas del ciclo temporal del nuevo Sol, el “siglo” de los antiguos mesoamericanos. EL
OLOR DEL AJO
Un
ajo huele si no se parte. Cuando se
hace, una enzima --la alianza-- actúa
sobre un aminoácido --la alina--
convirtiéndolo en alicina que, al perder su único átomo de oxígeno,
se transforma, a su vez, en disulfuro de dipropenilo.
Éste es el principal causante del mal olor que desprende el ajo,
originado por los dos átomos de azufre contenidos en el centro de dicha molécula.
La ingestión de alicina también desarrolla en nuestro cuerpo un
compuesto, el metilmercaptano que, de entre todos los hedores moleculares que
producen alitosis es el más desagradable.
El ajo, al ser cocinado, evapora gran cantidad de alicina.
Pero si se come crudo, mejor que buscar soluciones que prevengan los
efectos de un cara a cara. Aumentar
el flujo de saliva mascando chicle es una opción.
Desde
la edad de las cavernas, se han construido túneles para fortificarlas o para
conectarlas con pasadizos secretos. También
así se pudo extraer la riqueza del subsuelo, se evitó rodear montañas o se
canalizó el agua. Una de las obras
más impresionantes tuvo lugar hace 2.500 años en la sitiada Samos, cuando el
arquitecto Eupalinos, por encargo de Polícrates, abrió una galería bajo el
monte Ámpelos de 1.036 metros, simultáneamente desde los dos extremos para
ganar tiempo. Aunque los zapadores
erraron el punto de encuentro por pocos metros, el problema se solucionó
ensanchando la galería. Durante un
milenio se consideró esta obra como la maravilla del mundo.
Tras aprender a entibar las quebradizas rocas con maderos y reforzar los
túneles con mampostería, llegó una nueva era.
Ésta la marcó el ingeniero londinense Marc Isambard Brunel en 1806 al
idear una técnica perforadora con un cilindro de avance que además protegía a
los extractores de lo excavado. Se
inauguró en el túnel bajo el Támesis en 1825.
Desde entonces su principio tunelador no varió, aunque sí la técnica,
que, en la actualidad, ha sustituido picos y palas por ultramodernas y potentes
tuneladoras. ELEFANTES
EN EL DESIERTO
El
desierto de Namib, en Namibia, acoge a la que se considera la especie de
elefantes más grande de África. El
valle formado por el río Hoanib y sus afluentes es el lugar preferido por estos
paquidermos, si bien son difíciles de ver dado su carácter esquivo y nervioso.
No obstante, su prodigiosa memoria y la enorme sensibilidad para detectar
y extraer agua oculta en el lecho de los ríos secos, permite habilitar
numerosos abrevaderos, en los que el resto de animales que viven en el desierto
sacia su sed durante todo el año.
Por lo tanto, el aporte de los elefantes, para la preservación de estos
ecosistemas, es muy útil. Las
exageradas proporciones que presenta esta especie se deben quizá a las duras
condiciones de vida a las que está expuesta, las cuales sólo permiten
sobrevivir a los más fuertes y elevan la mortalidad entre los cachorros.
LETRAS
PROHIBIDAS Con un sutil humor negro, esta película, que presenta los últimos días del marqués de Sade, recrea la batalla entre la lujuria y el amor y entre la brutalidad de la censura y las consecuencias de la libertad de expresión. Ambientada en Francia, a finales del siglo XVIII, recién terminada la revolución Francesa, el filme bien puede ser un éxito que aglutina la dureza de las obras del marqués con su sentido de la expresión literaria erótica y sádica, nunca mejor dicho. El gran reparto de actores, entre los que se destacan Geoffrey Rush como el Marqués, protagonista de “Shakespeare y Love” y “Elizabeth”; Kate Winslet como Madeleine, musa y cómplice de Sade, actriz de “Titanic” y Oscar a la mejor actriz secundaria por “Sense and Sensibility”; y el caballero Michael Caine, Oscar de la Academia por “Hannah y sus hermanas” y por “The Cider House Rules”; todos ellos corroboran la calidad de la cinta. La vertiginosa caída de 93,5 metros, suficiente para ponerle a uno los pelos de punta y situar a esta montaña rusa de Nagashima, en el centro de Japón, está al frente del “Libro Guinness de los records”. La llaman “Dragón de Acero” y es capaz de disparar a los viajeros a una velocidad máxima de más de 150 km/h a través de sus 2,5 km de vía. Entre vueltas, aceleraciones, frenazos y mucho griterío, los pasajeros recorren esa distancia en poco más de 200 segundos. Espirales, cerros, vuelos rasantes bajo un laberinto de vigas metálicas y una aterradora pendiente de 68 grados de inclinación son algunos de los argumentos que ha hecho que el “Dragón” desplace de su trono a “The Ultimate”, la montaña rusa situada en el valle de Lighwater, en la región inglesa de Yorkshire del Norte, que hasta el pasado agosto figuraba como la más alta y rápida de todo el mundo. ORIGEN
DE LOS MAUSOLEOS
El
término mausoleo es la denominación que se les da a las tumbas y
enterramientos suntuosos, cuya estructura presenta a menudo adornos arquitectónicos
y escultóricos. La palabra
proviene directamente del nombre del rey Mausolo, que gobernó durante el siglo
IV a. De C. Caria, una región del Asia Menor situada a orillas del mar Egeo.
Además de aliarse con Rodas y Bizancio contra Atenas, engrandeció la
ciudad de Halicarnaso, donde estableció su capital.
Fue precisamente en ese lugar donde, tras su muerte, su hermana y esposa
Artemisa II mandó construir un fabuloso monumento funerario en su honor.
La tumba, conocida como el Mausoleo, es, junto con los Jardines Colgantes
de Babilonia, el Faro de Alejandría, el Zeus de Fidias en Olimpia, el Templo de
Artemisa en Éfeso, las pirámides de Gizeh y el Coloso de Rodas, una de las
siete maravillas del mundo. | ||||||